Del autor al lector

SI NO TE GUSTA, NO LO LEAS.

domingo, 27 de junio de 2010

Decepción nacional

De nada sirve echarle la culpa al árbitro por un pasado pesado, de nada sirve lamerse las heridas echandole la culpa a Aguirre o a Osorio o al conejo. La culpa no es del Guille por tener a Aguirre contento en la cancha o fuera de ella. ¿Porque nos hacemos las víctimas cuando una minoría se atrevía a apostar a favor de México?¿Porque a pesar de eso una mayoría vestía una camiseta verde si no creía en ella? y peor aún ¿Porque nos quejamos de la derrota como si hubieramos creído, como si hubieramos sido capaces de apostar a favor de lo nuestro?. En el mundial del 2006 veía el fútbol como un simple deporte, ahora lo veo como un fenómeno social que refleja de manera inequívoca lo que somos como país. El típico pérdieron pero ganamos, la culpa la tiene tal o cuál, fue el árbitro, fueron los jugadores, fue el portero, fueron los argentinos por creídos, fue Maradona por la mano del 86. Le echamos la culpa a todos y así nos libramos de una culpa que no queremos como nuestra. Si fueron ellos mientras nos sirva para no sentir molestia alguna. Ahora a esperar 4 años a que pase lo mismo y no términe nunca este maldito círculo vicioso que nos causa más esperanza que una visita del Papa y a la vez nos causa más tristeza que cualquier telenovela.

Me veo reflejado en un Aguirre pusilánime, también en un Osorio que la riega en un momento importante, en un Cuauhtemoc que se va sin gloria a pesar de ser el último jugador de barrio y de representar le pese a quién le pese al mexicano promedio, como miles de personas en nuestra triste patria que hacen cosas mucho más dignas e importantes que jugar fútbol que no tienen el reconocimiento que merecen(no se diga el salario). La culpa es de Aguirre, del conejo, de Maradona de los argentinos, del balón etc. Pero la mayor culpa la tenemos nosotros por poner nuestras ilusiones en un equipo que le pesa el pasado, se asusta en el presente y no tiene futuro.


Banalidades


Lo que a los argentinos les sobra a nosotros nos falta: Confianza ¡Ouch!