Mucho se comenta de la corrupción en la que vive el Estado Mexicano, que si Ayotzinapa, que si la casa blanca, como si de la noche a la mañana hubiéramos amanecido en un lugar donde no hay Estado de Derecho(lo que sea que eso signifique), y donde la justicia es el sueño de los justos. La sociedad civil organizada y la desorganizada se manifiestan en las redes sociales, como si con un "me gusta" o un "retweet" las cosas fueron a cambiar. Los más interesados acuden a las marchas y exigen que renuncie Peña Nieto, piden justicia, y los menos hacen destrozos, rompen vidrios de comercios, queman patrullas, se esconden en el anonimato y la cobardía de una capucha, bufanda o máscara, sembrando el miedo a través de la violencia y desincentivando a los verdaderos manifestantes, a aquellos que caminan con muchas preguntas y pocas respuestas, a aquellos que les importa lo que pasa en su país. Porque en éste país surrealista, es más fácil salir de la cárcel por intentar matar a un policía a palos o por quemar una patrulla, que por robar un bolillo en una panadería, pero eso sí ¡Que vivan los derechos humanos!.
La corrupción encuentra su mayor incentivo en la impunidad, es decir, en poder incumplir la ley sabiendo que no habrá castigo alguno, es la falta de sanción por el incumplimiento de la ley. La corrupción en México no es cosa de ayer, nI del año pasado, es cosa de siempre. Más que reformas legales, o la reforma de la reforma, o la reforma de la reforma de la reforma, lo que le hace falta a este país es acabar con la impunidad, y es difícil pensar en erradicar dicho mal, cuando la mayoría de los mexicanos hacemos un "cumplimiento" (o cumplo y miento) convenenciero de la ley. Porque es triste saber que vivimos en un país donde la justicia es la excepción, dónde sólo tiene justicia quien puede pagarla, y es bonito hablar de la universalidad, interdependencia, progresividad de los derechos humanos, de la interpretación conforme, del bloque de convencionalidad, del´principio pro homine y demás términos engorrosos cuando eso ayuda a vender libros, o a dar conferencias, cuando sabemos que el ciudadano de a pie no tiene acceso a la justicia más básica, cuando el sistema judicial no genera confianza, cuando el hecho de que las cárceles están llenas de pobres y tontos no es secreto a voces.
Al final del camino, la culpa no es de Peña, la culpa es de la sociedad que regala su voto, es del "cumplo y miento", es de la falta de abogados, servidores públicos, políticos, jueces y policías honestos que hagan cumplir y respetar la ley. Es necesario que se analice a fondo el sistema de justicia de este país y se castigue a quienes se tiene que castigar y no andemos solapando delincuentes y encarcelando inocentes. Es necesario que pasemos del esquema de presos políticos, a políticos presos. El día que se sancione a algún gobernador, presidente municipal o a cualquier funcionario público por escándalos de corrupción, el día que lleguen a la cárcel los delincuentes de "cuello blanco" y de ahí para abajo, ese día la corrupción dejará de ser la regla, Más que expedir y reformar las leyes, deberíamos enfocarnos en que se cumplan y respeten las que existen, porque de lo contrario seguiremos siendo el mismo país que cree que se pueden solucionar sus problemas por decreto.
Banalidades
En las aulas de derecho, a pocos les interesa ver la belleza de Doña justicia, más llama la atención ceder ante el brillo de ese poderoso caballero, llamado Don dinero.